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‘La Colección’, Lorena González

La investigadora Lorena González articula una acertada nota sobre lo que significa desarticular un museo….

El Nacional, Escena/2

18 de mayo, 2010

LORENA GONZÁLEZ

En el libro Mirar, escuchar, leer de Claude Lévi-Strauss, se apunta como reflexión que suprimir al azar diez o veinte siglos de historia no afectaría en términos sensibles nuestro conocimiento sobre la naturaleza de lo humano. Sin embargo, la pérdida de las obras de arte que esos siglos vieron nacer sí sería irreparable, pues tan sólo la obra es capaz de manifestar que, en el transcurso de los tiempos, algo ha sucedido realmente entre los hombres.

A partir de estas palabras podemos comprender cuál es el verdadero significado de una colección de arte. En condiciones generales corresponde a la reunión de conjuntos que se consolidan para testimoniar el desarrollo de visiones sobre el pasado y el presente de los procesos culturales, así como de los diversos actores involucrados en ese acontecer. En estos grupos se engranan particularidades, ejercicios, relevancias, categorías e inquietudes que no sólo reflejan las distintas formas en las que cada obra concretó la traducción de su entorno, sino también las acciones que rodearon su producción, para brindar la posibilidad de visualizar desde lo actual y a través de estas relaciones, las probables cartografías —estéticas, políticas y sociales— que dibujará el futuro.

En el caso de los museos venezolanos, cabe destacar que desde su consolidación en los años ochenta se tuvo un especial énfasis en la organización de estos temas. Cada institución fue desplegando líneas de investigación que respaldaron el ejercicio expositivo con la adquisición de piezas que dieran fe de lo que allí había sucedido. Esta dinámica trajo como consecuencia que tuviéramos una de las colecciones de arte más importantes de Latinoamérica, ejemplo y guía para otros países de la región. Entre otros, el Museo de Bellas Artes hilvanó una historia universal del arte con obras nacionales e internacionales de todos los tiempos. En el caso del Museo de Arte Contemporáneo, se enfatizó en las propuestas del siglo XX con una mirada sobre el arte moderno que sirviera de antesala para la comprensión del presente. La Galería de Arte Nacional se concentró en tomar el pulso a la creación venezolana, documentando un invalorable aporte para la historia de nuestro país. Entre tanto, otras pequeñas colecciones rindieron homenaje a nuestros maestros, tal y como lo testimonia el patrimonio del Museo Arturo Michelena, los aportes a las artes gráficas del Museo de la Estampa y el Diseño Carlos Cruz-Diez, o la investigación sobre arte latinoamericano en el Museo Alejandro Otero.

Hoy, Día Internacional de los Museos, nos confrontamos en Venezuela con más de diez años de suspensión de estas políticas de adquisición. Más allá de los costos reales que significaría un intento por solventar estos vacíos, la deserción indica un desconocimiento profundo sobre lo que comporta una colección de arte como reflejo vinculante de lo social. Un solo ejemplo basta para evidenciarlo: la actual recuperación de la Plaza Venezuela y su patrimonio artístico, con una afluencia de paseantes que ahora disfrutan de un espacio antes embargado por el deterioro. Sin embargo, un maltratado y desvanecido Colón del escultor Rafael de La Cova, todavía espera por nuevas consideraciones…

Una colección ratifica miradas sobre nosotros mismos. Oficiales y no oficiales, legítimos o ilegítimos, acertados o engañosos, sus cimientos amplían caminos relevantes. La devastación no genera un cambio sustancial más allá de la ignorancia y el silencio; la verdadera transformación debe gestarse desde la reflexión que puedan otorgar los lugares de encuentro, felices o terribles, a los que remite cada obra. La ilación de la historia debe existir, así sea para disentir de ella.

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